martes 8 de abril de 2008

Ir de bodas

Seguramente, habrás vivido un sinfín de emociones cuando se va de bodas. Sientes estrés sólo de pensar qué vas a vestir...¡incluso la novia ha de hacerlo en solidaridad con sus invitadas!!. En ello, los hombres salimos ganando porque un traje va a cualquier parte pero las mujeres...sólo es cuestión de ver sus caras cuando se les menta que otra invitada lleva el mismo vestido. Porque eso de llevar modelos únicos se acaba cuando ves alguna vestida de forma igual. Lo que para nosotros, no es algo a tener en cuenta, parece que sí lo es para ellas.

Otro momento, al menos, cortado de raíz es el de entregarle el dinero. Antes era costumbre llevarlo consigo en las bodas pero ahora, lo normal, es ir al banco o caja para meterlo en la cuenta de los futuros casados. No lo he vivido aún pero tiene que ser extasiante ver que la cuenta crece de esa manera tan galopante cuando lo normal es que vaya al ritmo de un paso para adelante, dos para atrás.

Un tema acuciante es el del protocolo.¿Dónde se sientan los invitados? Porque los familiares lo tienen claro, incluso los que son amigos de uno de ellos pero, ¿cuando se es amigo de los dos? En ese caso, lo mejor es quedarse a la vista pero sin cantar mucho. Lo bueno llega al final de la boda cuando tiras arroz a los novios. Es una tradición imperecedera a pesar del intento de los felices casados en que sean los pétalos y no el arroz lo que se les echara...pero no, del arroz hemos pasado a los pétalos, a los cañones de confetti, a las tracas...y, de nuevo, al arroz. Yo también esperaba que desapareciera esta tradición pero me temo que, cuando me case, ya habrán salido otras formas de celebrarlo pero el arroz seguirá siendo la misma "arma masiva" y arrojadiza de siempre.

El banquete es el último capítulo de la boda. Lo bueno es que es un momento para reencontrarse con amigos. Es un acto tan social que, salvo en bodas de familiares en los que conoces a los que están en la mesa contigo, lo normal es que sea como un melón...que no sabes si es bueno hasta que se abre. Tan pronto te encuentras con unos compañeros de mesa como si fueran cuatro parejas no relacionadas como conoces a gente con la que charlas como si fuéramos viejos amigos.

Eso sí, no me negarán que el mejor momento de una boda es llegar a casa y quitarse ese zapato "apretón" que compraste nuevo para la boda y que te ha dado la vara durante toda la noche.